Las verrugas anales aumentarían el riesgo de cáncer anal en personas con VIH

El riesgo de cáncer anal en personas con VIH que han padecido verrugas anales se multiplicaría por 13 si se compara con el de personas con VIH pero que no han tenido verrugas, que son causadas por el virus del papiloma humano (VPH). Así lo descubrió un estudio publicado en la revista científica JAMA Dermatology y retomado por el Grupo de Trabajo sobre Tratamientos del VIH (gTt-VIH). Este hallazgo resalta la necesidad de que se haga un adecuado tamizaje y seguimiento de las lesiones anales mediante la realización de estudios del tejido anal o anoscopías, es decir, procedimientos donde se observa directamente el revestimiento del ano y recto. Esto debería formar parte de la atención de rutina de las personas con VIH, pues permitiría detectar a tiempo los casos de cáncer anal y esto brindaría un mejor escenario de tratamiento. Hay que recordar que las verrugas genitales son causadas por el VPH, y ciertos tipos de este virus son considerados de alto riesgo porque provocan lesiones que pueden evolucionar a cáncer. Mientras que las pruebas de tejido y las anoscopías son procedimientos que facilitarán una detección temprana, la vacunación contra el VPH es una estrategia preventiva del cáncer, razón por la que algunos países la han recomendado no sólo para niñas (con el objetivo de prevenir el cáncer cervicouterino), sino también para personas adultas que presentan ciertos factores de riesgo, tal como lo es vivir con VIH y ser menor de 26 años. Los casos de cáncer anal han aumentado en los últimos años, en especial entre personas con VIH. Esto dio origen al ensayo clínico llamado ANCHOR, el cual fue diseñado para determinar los beneficios y la costo-eficiencia de un tamizaje rutinario para detectar o prevenir el cáncer anal. Sin embargo, los primeros resultados de dicho estudio se esperan hasta 2022. En diferentes partes del mundo, las guías de tratamiento tienen diferentes criterios sobre las pruebas de tejido anal en el seguimiento de personas que tienen un historial de sexo anal receptivo o verrugas anales y/o genitales, esto aunque varios estudios han mostrado que el tamizaje rutinario a personas con VIH puede disminuir la incidencia del cáncer anal. Los resultados de este estudio señalan que el historial de verrugas genitales o anales, el haber tenido un bajo conteo de células inmunológicas (llamadas CD4) y tener muchos años con el VIh serían claros factores de riesgo para el cáncer anal que deberían alertar al personal médico para hacer exámenes de detección y seguimiento periódicas.
Personas con VIH tiene más riesgo de demencia

El riesgo de padecer demencia en la tercera edad es 58% más alto en las personas con VIH que en quienes no tienen el virus, de acuerdo con los hallazgos de un estudio publicado en la revista científica AIDS. Además, la investigación encontró que la demencia se diagnostica a una edad mucho menor en personas con VIH: 67 años, comparado con los 78 años a los que se diagnostican las personas sin VIH. Ya hace tiempo se había identificado cierto incremento en las afecciones mentales en las personas con VIH, pero estos datos se habían basado más bien en pruebas cognitivas que eran capaces de detectar pequeñas disminuciones en la memoria y el proceso de pensamiento. Sin embargo, según lo informa el portal especializado Aidsmap.com, esta investigación es particular porque comparó los diagnósticos de demencia, dividiéndolos en personas con VIH y personas sin el virus. Esto significa que la información obtenida son datos conocidos en lenguaje científico como datos del mundo real, es decir, la verdadera incidencia de la demencia cuando ya está siendo tratada en hospitales. El equipo de investigadores, con base en un hospital de California, señalaron que su estudio contribuye con evidencia de que las personas mayores con VIH corren un riesgo significativamente elevado de demencia, aún si reciben un adecuado tratamiento antirretroviral. Sin embargo, es importante resaltar que aunque las personas que viven con VIH tuvieron tasas más altas de demencia, todavía es un padecimiento raro. Las tasas están por debajo de las que se veían en la época previa a que la terapia antirretroviral estuviera disponible. Los avances en el tratamiento han logrado que muchas personas con VIH tengan una gran expectativa de vida y puedan vivir bien hasta envejecer. Una proporción cada vez mayor de personas con VIH hoy tienen más de 50 años de edad y tienen enfermedades asociadas con el envejecimiento, las cuales son causas importantes de enfermedad y muerte entre esas personas. Hay factores de riesgo para la demencia que son perfectamente modificables, como el consumo de tabaco o de otras drogas y las enfermedades cardiovasculares. Mientras más pronto se inicie el tratamiento antirretroviral, esto puede prevenir la demencia que es directamente causada por el virus (conocida como demencia asociada al VIH).
El mensaje de indetectable=intransmisible beneficia grandemente a hombres con VIH

En la última década, varios estudios han demostrado que el hecho de que una persona tenga una cantidad de VIH indetectable en la sangre equivale a que no pueda transmitir la infección a otras personas, por lo que se acuñó la abreviatura i=i, es decir, indetectable=intransmisible. A partir de la difusión de este mensaje, los hombres gays, bisexuales y otros hombres que tienen sexo con hombres (HSH) manifestaron sentirse mejor respecto a su estado serológico y dijeron que les parece que esa información contribuye a reducir el estigma que se asocia con el VIH. Así lo descubrió un estudio realizado en Estados Unidos, y recientemente en la revista científica AIDS Patient Care and STDs. El mensaje de i=i ha sido un incentivo para que las personas con VIH inicien su tratamiento, y sobre todo, que se adhieran a él, lo cual se traduce en beneficios para la salud, tanto de las personas como de la comunidad, afirma el sitio web del Grupo de Trabajo sobre Tratamientos del VIH (gTt-VIH). El estudio al respecto, realizado en la ciudad de Nueva York, se enfocó en evaluar cómo el mensaje afectaba la autoimagen de los hombres gays, bisexuales y HSH, y averiguar sus percepciones sobre el estigma que conlleva el VIH en la sociedad, entre otros detalles. Más de 30 mil hombres participaron en la encuesta, y el 85% de ellos tenía una carga viral indetectable. Este grupo fue más propenso a informar que el mensaje i=i había mejorado su autoimagen y consideraron que dicho mensaje tenía un impacto positivo en acabar con el estigma social de la infección. Del total de participantes, el 82% dijo que se sentía mejor con respecto a su estado serológico. Otros factores que estuvieron presentes en personas que tenían opiniones favorables respecto al mensaje fueron el tener una excelente adherencia al tratamiento, el encontrarse en una relación con una pareja que no tenía VIH, el tener múltiples parejas sexuales y también el mantener relaciones sexuales anales sin preservativo. En cuanto a las fuentes de información donde los participantes habían conocido el mensaje i=i, los más frecuentes fueron los sitios de noticias sobre VIH y los perfiles de aplicaciones de citas. También reportaron haberlo conocido por amigos, parejas sexuales, profesionales de la salud y artículos científicos o médicos. En conclusión, el equipo de investigadores sugiere que el personal médico que atiende VIH debería tomar más en cuenta, pues trae importantes beneficios no sólo para prevenir la transmisión del virus, sino también para el bienestar y la calidad de vida de los HSH que viven con el VIH.
Se puede acabar con la epidemia de VIH en usuarios de drogas inyectables, revela estudio

La implementación de estrategias combinadas para personas que se inyectan drogas es capaz de acabar con la epidemia de VIH en este grupo, en países de ingresos medios. Esto encontró un grupo de investigadores, según reportes del portal Aidsmap.com. Las estrategias combinadas comprenden el reparto de jeringas estériles, el tratamiento de sustitución de opioides y el tratamiento para el VIH, y han demostrado ya su eficacia en países de ingreso alto. En esta ocasión, el grupo de investigación se enfocó en la ciudad de Hai Phong, la cuarta ciudad más grande de Vietnam, donde en la década de los setenta se observó una epidemia de consumo de heroína inyectada, seguida por una importante epidemia de VIH para el año 2000, con una prevalencia tan alta como el 60% de esa población. En 2013, la política hacia los usuarios de drogas en Vietnam cambió de internar a los usuarios de drogas hacia proveer un programa voluntario en el que se daba tratamiento para el abuso de sustancias. También se comenzaron a ofrecer jeringas estériles y para 2016 se había alcanzado el tratamiento para todas las personas con VIH. La y los investigadores levantaron encuestas entre 2016 y 2019, donde participaron adultos que tenían un uso reciente de drogas inyectadas. Las personas podían responder más de una vez, pero sólo una ocasión por cada año. El número de participantes fue más alto en 2017, con 1,451 personas, y más bajo en 2019, con 1,268. El 95% de quienes participaron fueron hombres, la mayoría de ellos casados o viviendo en pareja, y de alrededor de 40 años de edad. Todos consumían heroína y dijeron usar, en promedio, una jeringa al día. Al paso del tiempo, la prevalencia del VIH bajó levemente, de 30% a 26%. Pero hubo otros indicadores que sí cambiaron significativamente, y que se refieren a la vinculación con los servicios de salud y los comportamientos de riesgo. Por ejemplo, el uso de metadona (como terapia de sustitución para dejar la heroína) aumentó de 42% a 61%; el porcentaje de participantes con VIH que recibían tratamiento antirretroviral pasó de 52% a 86%, y el porcentaje de personas que reportaban inyectarse drogas a diario bajó de 80% a 62%. Los investigadores sólo registraron tres infecciones en todos los participantes de la encuesta y durante el periodo investigado. Esto es: en 2,569 personas durante un total de 3,464 años en riesgo, la incidencia global de VIH fue de 0.085%. En resumen, el estudio encontró una incidencia de VIH menor al 0.085% por año, que está muy por debajo del objetivo de 0.5% al año, que había sido definido por los investigadores como un componente para terminar la epidemia del VIH en personas que se inyectan drogas en Hai Phong. Esto muestra que el escenario de prácticamente acabar con la epidemia de VIH entre personas que se inyectan drogas es totalmente factible.
Proponen que personal de urgencias impulse la detección del VIH

La detección oportuna del VIH es uno de los factores que más contribuiría a frenar la pandemia en el mundo, pues cuando una persona es diagnosticada es posible comenzar a darle tratamiento antirretroviral, y un tratamiento exitoso disminuye prácticamente a cero la posibilidad de que transmita la infección a otras personas. Es por esto que las estrategias para hacer que la gente se realice la prueba son uno de los puntos cruciales en los actuales enfoques de esta infección. Esta es la motivación de un programa recientemente implementado en España, que consiste en guiar a los médicos de las salas de urgencias para que puedan detectar a pacientes que pudieran estar en riesgo de VIH, y enviarlos a una prueba de detección. De acuerdo con información publicada por el diario español La Razón, la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias (Semes) lanzó la campaña Deja tu huella en la lucha contra el VIH, que consiste en difundir un documento para que los médicos de esta área sean capaces de vincular a los servicios especializados a ciertos pacientes. El documento, que está avalado por el Grupo de Estudios de Sida y la colaboración con una empresa farmacéutica, tiene como objetivo ser un apoyo para los médicos de urgencias en la toma de decisiones, promoviendo la detección del VIH y la derivación de las personas a un servicio especializado para su seguimiento posterior. Se sugiere que se siga este procedimiento cuando reciban casos de enfermedades como infecciones de transmisión sexual, herpes zoster, neumonía adquirida en la comunidad y síndrome mononucleósico, así como cuando identifiquen prácticas como chemex (intercambio sexual con uso de drogas) o solicitud de profilaxis postexposición al VIH (un tratamiento con medicamentos que se usa después de una exposición al virus, buscando evitar la infección). El documento incluye recomendaciones sobre qué persona debe realizarse una prueba de detección, la descripción del proceso de derivación a los servicios de atención de VIH y algunas herramientas para ayudar al personal médico a tomar decisiones. De acuerdo con Juan González del Castillo, responsable de enfermedades infecciosas de la Semes, esta estrategia es importante porque la detección es un punto clave para cambiar el curso de la epidemia y disminuir su expansión, ya que la edad media de los nuevos diagnósticos de VIH es en torno a los 35 años, y en ese contexto, el único punto de contacto con el sistema de salud podría ser la unidad de urgencias.
¿Qué es la vigilancia molecular y por qué es preocupante?

En el mundo existen 82 países que penalizan la transmisión del VIH, el exponer a una persona al virus o el no divulgar el propio estatus serológico, de acuerdo con datos del Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/Sida (ONUSIDA). Hasta ahora, las acciones penales se basan, mayormente, en el testimonio de los involucrados sobre si hubo o no intención de exponer al virus a una persona que no lo tiene, ya sea al tener relaciones sexuales desprotegidas o a no comunicar un resultado positivo a alguna prueba de detección del VIH. Sin embargo, ha surgido una nueva herramienta que puede representar un riesgo en el tema penal, aunque su origen se generó en el ámbito médico y su objetivo sea (según se ha dicho) frenar la epidemia de VIH en ciertos grupos. La llamada vigilancia molecular del VIH consiste en tomar muestras de VIH y secuenciarlas (básicamente, desmenuzarlas) en sus más pequeños componentes para buscar similitudes estructurales en las muestras de VIH de una cierta comunidad, vecindario o ciudad, explica el periodista Tim Murphy para el portal Thebody.com. Al observar cómo el VIH muta de pequeñas formas de una persona a la siguiente, las y los científicos pueden identificar posibles patrones de transmisión que, teóricamente, pueden llevarlos a cierta comunidad, por ejemplo, personas que usan drogas o que se dedican a l trabajo sexual, para tratar de detener la transmisión. Es en cierto modo comparable al rastreo de contactos, es decir, llamar a los contactos de cierta persona que pudieran haber estado expuestos al VIH, para instarlos a que se hagan una prueba, pero en este caso, no se necesitaría hablar con nadie, pues se contaría con evidencia molecular de un cierto patrón de transmisión: A le transmitió el VIH a B, quien se lo transmitió a C y D, quienes a su vez lo transmitieron a E, F y G, y así sucesivamente. Desde un punto de vista estrictamente científico y de salud pública, suena muy bien. Sin embargo, contando la cantidad de legislaciones que criminalizan de alguna forma el VIH (incluso en casos como no revelar el estatus serológico aunque la carga viral sea indetectable, lo que hace prácticamente imposible transmitir el virus), esta técnica podría llegar a usarse en casos judiciales. En California, el vicepresidente de la Asamblea de Personas que viven con VIH de Estados Unidos, Andrew Spieldenner, alertó sobre el tema, y resaltó que las personas con VIH conocen el costo de no tener control sobres sus datos, de que nuestros cuerpos sean usados para la investigación, y tenemos el derecho a tener control sobre eso. Esto porque se teme que las muestras destinadas a la vigilancia molecular sean las que ya se han obtenido para otros estudios de VIH, y que puedan ser usadas sin el consentimiento informado de las personas que las entregaron para otros fines, como el determinar la mejor terapia antirretroviral para ellas.
La ciudad de Lima se compromete a mejorar la atención a personas con VIH

En diciembre pasado, la ciudad de Lima, capital de Perú, firmó la llamada Declaración de París, donde se compromete a tomar acciones aceleradas a nivel municipal con el objetivo de mejorar la calidad de vida de las personas con VIH y así contribuir a alcanzar la meta global de eliminar el SIDA para el año 2030. En el marco del Día Mundial del Sida, el alcalde de la Municipalidad Metropolitana de Lima, Jorge Muñoz Wells, y la directora oficial del Programa Conjunto de las Naciones Unidas para el VIH/Sida (ONUSIDA) en el Perú, Andrea Boccardi Vidarte, firmaron la declaración, que ya había sido suscrita antes por la municipalidad de Callao en julio pasado. Estas dos municipalidades concentran el 30% de la población del país y el 70% de los casos de VIH que se han notificado hasta ahora en el Perú. De acuerdo con la perspectiva de ONUSIDA, los gobiernos municipales se encuentran en una situación privilegiada para acelerar las acciones locales para ponerle fin a las epidemias del VIH, tuberculosis, hepatitis viral y COVID-19 en todo el mundo para el año 2030, señaló el organismo en un boletín de prensa. La Declaración de París incluye diez compromisos que se dirigen a facilitar el acceso a los servicios de prevención, tratamiento, atención y apoyo de calidad que mejore la calidad de vida de personas con VIH y que estén afectadas por la tuberculosis y la hepatitis viral, así como personas migrantes y otras poblaciones marginadas que son vulnerables al VIH en el contexto de la actual epidemia de COVID-19. La apuesta es integrar estos servicios con los de salud sexual, reproductiva y mental, para así lograr el acceso universal a la atención médica. Hasta el momento, 300 ciudades y municipalidades de todo el mundo han firmado este documento desde su lanzamiento en 2014. Como lo estableció ONUSIDA en su mensaje con motivo del Día Mundial del Sida 2020, la epidemia de COVID-19 nuevamente centró los reflectores en el hecho de que la salud está directamente interrelacionada con temas como la desigualdad, el respeto a los derechos humanos, la igualdad de género, la seguridad social y el crecimiento económico. Partiendo de esta perspectiva fue que la ciudad de Lima se unió a los esfuerzos para no dejar a nadie atrás en la respuesta al VIH.
Las vacunas contra la COVID-19, ¿pueden llevarnos a una vacuna contra el VIH?

En una entrevista reciente, Anthony Fauci, director de los Institutos Nacionales de Alergias y Enfermedades Infecciosas de Estados Unidos, fue cuestionado sobre si se podía comparar el reto de desarrollar una vacuna contra la COVID-19 al de desarrollar una vacuna contra el VIH. Fauci respondió que su confianza en el desarrollo de una vacuna efectiva contra el nuevo coronavirus se basaba principalmente en el hecho de que el cuerpo humano monta una efectiva respuesta inmunológica contra la infección por SARS-CoV-2. Este no es para nada el caso del VIH, explicó, y añadió que son retos muy, muy diferentes. Sin embargo, todavía cabe la pregunta: ¿las tecnologías que conforman las vacunas contra la COVID-19 nos están acercando a una vacuna contra el VIH? Muchos factores han contribuido a que no se haya podido desarrollar una vacuna contra el VIH. El primero es la enorme diversidad genética del VIH. Para ser exitoso, cualquier inmunógeno debería poder generar múltiples anticuerpos neutralizantes contra muchas cepas del VIH, lo cual, se ha visto hasta ahora, es muy difícil de conseguir. En segundo lugar, el VIH establece reservorios de virus latente al muy poco tiempo de infectar al organismo, haciendo más complicada la tarea del sistema inmunológico. Y un tercer reto mayúsculo es que la mayoría de las vacunas funcionan reproduciendo la respuesta inmunológica a un patógeno, pero como el sistema inmunológico no puede erradicar el VIH, no existe un mecanismo a imitar. Y más allá, usar un virus atenuado (como es el principio de muchas vacunas) no sería seguro para las personas. Pese a estos obstáculos, la tecnología de ARN mensajero (mRNA, por sus siglas en inglés), usada con éxito en algunas vacunas ya disponibles contra el nuevo coronavirus, se ha comenzado a investigar como posible arma contra el VIH, aunque las vacunas contra este virus basadas en este principio aún están en etapas muy tempranas de investigación. De acuerdo con un artículo publicado en el portal médico Thebody.com, las vacunas basadas en RNA entregado por nanopartículas lípidas utilizan material genético que contiene una o más proteínas antígenas, es decir, sustancias capaces de desatar la respuesta del sistema inmunológico. Entre las mayores ventajas de estas vacunas se encuentra que: son de manufactura rápida y fácil, las proteínas codificadas no permanecen en el cuerpo humano por mucho tiempo, y el sistema inmunológico es capaz de desarrollar una respuesta aun cuando la cantidad de proteínas antígenas sea pequeña. Sobre esta tecnología, la doctora Kristie Bloom, investigadora de la Universidad de Witwatersrand, en Sudáfrica, afirmó que los recientes logros clínicos de las vacunas contra el SARS-CoV-1 resaltan el potencial de esta tecnología que podría ser considerada tanto para tratar como para prevenir el VIH. Sin embargo, reconoció que es necesario esperar a los primeros ensayos de dicha estrategia en humanos.
Mujeres con VIH tienen seis veces más riesgo de desarrollar cáncer cervicouterino

Las mujeres que viven con VIH tienen un riesgo seis veces mayor de desarrollar cáncer cervicouterino que aquellas que no tienen el virus, de acuerdo con un estudio publicado en la revista The Lancet Global Health, y retomado por el portal Aidsmap.com. La investigación también encontró que el 6% de todos los casos de cáncer cervical son de mujeres con VIH. Sin embargo, existen grandes disparidades entre regiones, ya que el 63% de los casos de cáncer cervicouterino en África del sur se dan en mujeres con VIH, comparado con sólo 1% en otras regiones. El cáncer cervicouterino es el cáncer más común entre las mujeres. Tan solo en 2018 se registraron más de medio millón de nuevos casos y 311 mil muertes. En contraste, es uno de los cánceres más prevenibles y tratables, pues existe una vacuna y se pueden seguir estrategias de tratamiento y atención. Incluso, la Organización Mundial de la Salud se ha fijado el objetivo de eliminar este tipo de cáncer para 2030. La causa del cáncer cervicouterino es la infección persistente con cepas de VPH de alto riesgo. Aunque sólo una pequeña cantidad de mujeres con VPH desarrollará cáncer, el cambio de las células se amplifica por una serie de factores, incluyendo la supresión del sistema inmunológico causada por un VIH no tratado. En 2007, un metaanálisis que incluía a mujeres de países de ingresos altos encontró que vivir con VIH estaba asociado con un incremento de seis veces el riesgo de padecer cáncer cervicouterino. Ahora, un equipo de investigadores de la Universidad Técnica de Múnich, quiso actualizar y expandir esta investigación a países de ingresos medios y bajos. El estudio incluyó investigaciones hechas entre 1981 y 2014 en África, Asia, Europa y Norteamérica, y en conjunto abarcaron más de 236 mil mujeres. Los autores del metaanálisis consideran que el mayor riesgo de cáncer cervicouterino en mujeres con VIH puede deberse a una combinación de factores, tales como: las mujeres con VIH son más propensas a adquirir la infección por VPH y menos propensas a vencer la infección por sí mismas que las mujeres que no tienen VIH; hay mayor riesgo de que la enfermedad progrese debido a la inmunosupresión relacionada con el VIH, especialmente en aquellas mujeres que no toman antirretrovirales; además, la inmunosupresión incrementa el riesgo de recurrencia de cáncer después del tratamiento. Para los investigadores, la expansión de la vacunación contra el VPH en áreas con alta prevalencia de VIH es especialmente importante para alcanzar una reducción en la carga del cáncer cervicouterino a largo plazo.
Entregas espaciadas de medicamento mantienen a las personas con VIH en tratamiento

Las personas con VIH deben tomar tratamiento de por vida, y este factor siempre ha sido un punto crítico en la atención de esta población, pues se han buscado las formas de facilitar el apego al tratamiento y de hacer más eficiente el sistema de atención en salud. Un estudio reciente reveló que si se entrega medicamento para más meses (a diferencia de, por ejemplo, dar fármacos sólo para un mes), es más probable que las personas se mantengan en tratamiento. Por otro lado, bajo este esquema los servicios de salud pueden ser más eficaces al invertir el tiempo del personal en el seguimiento cercano de quienes apenas están empezando tratamiento, en un periodo de inicio que es crucial para que una persona recién diagnosticada se habitúe a su nueva situación. El estudio, publicado en diciembre pasado en la revista de la Sociedad Internacional de Sida (IAS, por sus siglas en inglés), fue realizado en Cape Town, Sudáfrica, dando seguimiento al 44.2% de una población total de 10 mil 252 usuarios de la clínica de antirretrovirales del Departamento de Salud Provincial de Cabo Oeste. El ensayo tuvo una duración de 27 meses. En ese centro de salud, el estándar de tratamiento era dar a la persona un total de cinco citas por año. Durante las primeras cuatro citas se le entregaba tratamiento para dos meses, y en la última cita se le daban cuatro meses de medicamentos. Para el estudio, este esquema se modificó a sólo dos citas por año, en cada una de las cuales se entregaban seis meses de tratamiento. El equipo de investigación encontró que los pacientes que recibieron dotaciones para seis meses de antirretrovirales tuvieron una retención en la atención que fue no inferior frente a los que recibían el esquema para dos meses. El decir que la retención fue no inferior implica que el esquema con el que se está experimentando no es necesariamente más efectivo que el ya existente, pero estadísticamente no es inferior a él. Este estudio se llevó a cabo en un periodo de 24 meses, pero coincide con resultados obtenidos en estudios de 12 meses realizados en Zimbabue y Lesoto, donde la retención en atención es no inferior en periodos de seis meses comparados con surtidos de tres meses de medicamento. Además, en este estudio se encontró una alta supresión viral, es decir, la gran mayoría de las personas (92%) tenían tan pocos virus en su sangre que no eran detectables por las pruebas existentes. Este resultado está relacionado con la toma correcta y en tiempo del tratamiento antirretroviral.