Gracias a la prueba de VIH, hoy puedo vivir mi vida como si nada. Llevo años viviendo con VIH y, aunque no lo creas, estoy en una de las mejores etapas de mi vida.
No te voy a mentir: vivir con VIH en Panamá puede ser complicado. Sin embargo, lo difícil no es la enfermedad. Es la falta de información. Es el prejuicio. Mucha gente opina sin información real, y eso pesa más de lo que debería.
Si no me fallan las cuentas, me contagié hace unos cinco años. Fue luego de varios encuentros donde no usé condón. No quiero darle vueltas a eso, porque no cambia nada de lo que vino después.
Luego de cuatro años empecé a enfermarme seguido y nada funcionaba. Por eso decidí hacerme la prueba de VIH con AHF. Minutos después de hacérmela, el resultado llegó.
El resultado de la prueba de VIH que no me esperaba.

Cuando salió positivo, no entré en pánico. En el fondo, sabía que existía un tratamiento para el VIH. Además, sabía que esto no era el fin.
Todo pasó rápido, pero por dentro el tiempo se sentía distinto. Me llevaron a una sala y me hicieron preguntas. Aun así, no estaba listo para escuchar lo que venía.
La consejera me explicó algo clave: una pastilla al día puede llevarte a una carga viral indetectable. Eso es el tratamiento para el VIH.
—¿Entonces existe una cura? —le pregunté.
—No hay cura, pero el tratamiento es muy efectivo. Te permite vivir con normalidad como si no lo tuvieras —me respondió.
Esa respuesta me aterrizó. No solucionaba todo, pero me daba algo claro: esto no me iba a detener.
¿Cómo tomó mi cuerpo el tratamiento?
Lo más difícil al inicio fue acostumbrarme a tomar una pastilla todos los días sin falta.
Los primeros días tuve dolores de cabeza. Sin embargo, desaparecieron rápido. Fuera de eso, mi cuerpo se sentía igual. Y eso fue lo raro.
Mi mente no terminaba de procesarlo. Me sentía igual que siempre, pero sabía que algo había cambiado. Por eso seguí con mi vida, casi sin pensar en ello.
Hasta que una noche salí de fiesta.
Unos tragos, música, risas. Conocí a un chico, bailamos y la química fue inmediata. Antes, eso habría terminado en algo más sin pensarlo. Pero esta vez no fue igual.
En mi cabeza solo estaba la prueba de VIH.
No había tenido relaciones sexuales desde el diagnóstico. De hecho, había evitado cualquier encuentro. Ya eran más de cuatro meses.
—¿Vamos a un motel de aquí cerca? —me preguntó.
Me quedé en blanco. ¿Tenía que contarle que estaba en tratamiento para VIH? ¿Era suficiente pedir condón? ¿Cómo se dice algo así?
—Aunque si no quieres, no pasa nada —agregó.
—No, no es eso —le respondí.
No me daba miedo él. Me daba miedo su reacción. Aun así, sabía que no podía seguir evitando esto. No era por él. Era por mí, por mi cuerpo y por mi sexualidad.
—Vivo con VIH. Estoy en tratamiento.
No me dejó terminar. Me besó.
—No importa. Estás en tratamiento. Además, usamos condón —me dijo.
Ahí entendí algo que no había procesado: no todo el mundo reacciona desde el miedo. Esa noche, además, cambió muchas cosas para mí.
¿Cómo se vive con VIH en Panamá?
Gracias a AHF y al tratamiento gratuito, hoy hago mi vida con normalidad. Voy a mis controles cada mes y sigo mi rutina. Por eso, mi día a día no es distinto al de cualquier otra persona.
Lo que sí pesa es todo lo que viene de afuera.
Vivir con VIH en Panamá no es difícil por el tratamiento. Es difícil por la desinformación. Hay ideas equivocadas, mucho juicio y poca comprensión de lo que significa vivir con VIH hoy.
Con el tiempo entendí algo importante: el problema no es el VIH. Es lo que la gente cree sobre él.
No puedes controlar lo que otros piensan. Sin embargo, sí puedes controlar cómo te autocuidas y cómo te hablas a ti mismo. Para mí, eso hizo toda la diferencia.
El tratamiento me mantiene sano. Además, el amor propio y el autocuidado son lo que realmente me sostienen.
Desde que me diagnosticaron, no solo aprendí a vivir con VIH. También aprendí a vivir mejor conmigo.

