Protege tu corazón del VIH

Algunas condiciones en personas con VIH son similares al resto, pero enfermedades cardíacas requieren especial atención.

Esto es lo que debes saber sobre el embarazo y el VIH

Vivir con VIH no es una limitación para embarazarte cuando tú lo decidas. Lamentablemente, todavía existen muchos prejuicios e ideas anticuadas sobre la maternidad en las mujeres con VIH, pero lo cierto es que actualmente se cuenta con los recursos necesarios para que lleves a cabo una gestación segura y que tu bebé nazca libre del virus. Aquí te contamos cómo. Planifícalo Sería muy bueno que todas las personas pudieran planificar cuándo desean tener hijos. No siempre puede ser así, pero cuando vives con el VIH es muy importante que procures, por todos los medios a tu alcance, planificar tus embarazos, de modo que se puedan tomar las medidas de prevención para evitar la transmisión del virus. Instituciones de salud como los Centros para el Control de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos informan que, en general, las mujeres con VIH pueden utilizar cualquier método anticonceptivo, pero señalan que algunos medicamentos antirretrovirales pueden interferir con la eficacia de los métodos hormonales. Esto significa que las píldoras, los parches, el anillo vaginal, las inyecciones y los implantes subdérmicos podrían fallar, así que es importante que además utilices un método de barrera como el condón externo o interno cuando no deseas un embarazo. Por el contrario, si tú y tu pareja ya decidieron tener un bebé, es importante que hables con tu equipo médico para conocer qué medidas se deben tomar. Por ejemplo, si tu pareja también vive con el VIH y si no ha conseguido una carga viral indetectable, al tener relaciones sexuales sin condón podrías reinfectarte. En este caso, están disponibles algunas técnicas de reproducción asistida como el lavado de semen, donde este fluido es “limpiado” del VIH, y con él se fecunda al óvulo en laboratorio. De igual forma, si tú vives con VIH pero tu pareja no, la reproducción asistida puede ser una opción. Sin embargo, estos procedimientos suelen ser costosos y no todas las personas tienen acceso a ellos. Embarazo y parto Una vez que estás embarazada, es probable que el personal de salud revise tu tratamiento antirretroviral y podrían cambiarlo, en caso de que el que llevas actualmente tenga algún efecto secundario que pudiera repercutir en tu futuro bebé.  Recuerda que el tratamiento antirretroviral no debe interrumpirse en ningún momento de tu vida, y en especial en este caso evitará que el VIH pase a tu hijo o hija durante la gestación, el parto o la lactancia. Por otro lado, el seguimiento durante el embarazo es importante debido a que los problemas de salud relacionados con este proceso, como la diabetes gestacional o la hipertensión arterial (preeclampsia o eclampsia) deben ser vigilados de manera especial en las mujeres con VIH. Como explican los CDC, para el momento del alumbramiento, se suele recomendar que éste se lleve a cabo por cesárea, de modo que se reduzca la probabilidad de transmitir el VIH de la madre al bebé. En una cesárea, el producto no tiene contacto con la sangre materna, por lo que las posibilidades de adquirir el virus son menores. Como en cualquier embarazo, tu equipo médico puede programar la cesárea, por lo regular dos semanas antes de la fecha estimada de parto, para así evitar que entres en labor. Toma en cuenta que es posible que, después del parto, se le suministren a tu bebé medicamentos antirretrovirales para asegurarse de que no desarrolle la infección por VIH. Esto sucederá, especialmente, si tu carga viral es alta (más de 1,000 copias/ml) al momento de dar a luz. Tu médico determinará qué tratamiento le prescribe a tu bebé y por cuánto tiempo. Cuídate para cuidar de tu bebé Una vez que ya ha nacido tu hijo o hija, tu equipo médico evaluará si continúas con el mismo tratamiento antirretroviral que tomaste durante el embarazo o si es necesario cambiarlo. Esta decisión se toma en función de factores como la eficacia del tratamiento para controlar el virus, de los posibles efectos secundarios y de la presencia de resistencia al medicamento. Como ves, el proceso de embarazo para una mujer con VIH puede ser seguro y feliz si se toman las medidas necesarias, las cuales se basan en el tratamiento antirretroviral como herramienta eficaz para combatir el virus. Si todavía no empiezas tu tratamiento o si lo suspendiste y deseas retomarlo, en AHF Panamá podemos acompañarte en el proceso. Visita nuestras oficinas o escríbenos por Whatsapp y conoce nuestros servicios.

Atención ginecológica para mujeres con VIH

La atención médica debe ser integral para quienes viven con VIH. En el caso de las mujeres con VIH, las revisiones ginecológicas son cruciales para mantener una buena salud, a la par del tratamiento antirretroviral. Incluso para aquellas mujeres que no tienen el VIH, a veces es complicado darle seguimiento a su salud sexual y reproductiva, debido al rol de cuidadoras que suelen cumplir dentro de las familias, lo cual les deja poco tiempo para el autocuidado. Pero ya sea con o sin el virus, las revisiones ginecológicas periódicas deberían ser una prioridad. Exámenes básicos La primera revisión completa que debe hacer un especialista en ginecología debería llevarse a cabo justo después del diagnóstico de VIH. Ese también sería el momento de buscar otras infecciones de transmisión sexual (ITS) que pudieran mostrar síntomas evidentes, para así dar tratamiento. En esa primera revisión se debe hacer una prueba de Papanicolau para verificar que no haya cambios en las células del cérvix que pudieran indicar riesgo de cáncer cervicouterino. Así lo explica el sitio web The Wellness Project, que difunde información para mujeres que viven con el VIH. Si no se encuentran alteraciones, el siguiente Papanicolau puede esperar hasta 12 meses, pero será tu médico quien fije una nueva fecha para el examen. Además, hay otro virus que debe mantenerse monitoreado de cerca: el virus del papiloma humano (VPH), para lo cual podrían realizarte pruebas de detección específicas, las cuales son más precisas que los cambios físicos que mide el Papanicolau. Cabe decir que, en el caso particular de las personas que nacieron con el VIH, éstas son más propensas a tener los tipos de VPH más peligrosos en cuanto a que pueden causar cáncer. Si este es tu caso, tu equipo médico podría recomendarte pruebas de detección más frecuentes o a más temprana edad de las que se hacen a la población general. En el consultorio En la cita ginecológica, puedes esperar que el especialista te realice ciertas exploraciones físicas de rutina. Es posible que haya una enfermera u otro asistente presente, para asegurarse de que las exploraciones se lleven a cabo de manera profesional y sin incomodarte. Una de las pruebas que te realizarán es el examen de los pechos, donde se busca identificar bultos, masas o protuberancias que pudieran ser malignas o indicar cáncer de mama. Esta exploración no sustituye la mastografía, que se recomienda a partir de los 40 o 45 años como una prueba anual. El siguiente paso es la revisión pélvica. Ésta es la exploración donde el especialista inserta una herramienta, llamada espéculo, para abrir las paredes de tu vagina. Luego insertará un hisopo o un cepillo pequeño para obtener una muestra de células del cérvix, además de observar el aspecto de la mucosa vaginal. Un segundo tipo de examen pélvico es aquel que se realiza a dos manos, sin el espéculo. Para revisarte, el médico introducirá dos dedos en tu vagina y los presionará hacia arriba, mientras con su otra mano presiona hacia abajo sobre tu abdomen. Esto le permite palpar los ovarios y el útero y verificar que no haya dolor. Para algunas mujeres, estos dos tipos de examen pélvico pueden ser incómodos en lo físico y en lo psicológico. Si te sientes así, no dudes en pedir una especialista mujer si eso te hace sentir más cómoda; si no está disponible, tal vez puedan reagendar tu cita para que seas atendida por la especialista que prefieres. Cuida tu salud sexual Además de las revisiones físicas, la consulta también es una oportunidad para que expreses tus dudas o peticiones en cuanto a tu salud sexual. Por ejemplo, puedes preguntar sobre las vacunas que podrías recibir, como las de la hepatitis A, la hepatitis B y el VPH (si aún no la tienes). De igual forma, puedes plantear problemas como la incontinencia de orina, los métodos anticonceptivos o los posibles cambios en tu periodo menstrual. La atención ginecológica, y médica en general, busca el bienestar de la persona, por lo que deberías poder hablar de lo que te inquieta y preguntar por las soluciones. Recuerda que el bienestar de quienes viven con VIH empieza por el tratamiento antirretroviral, así que si ya tienes un diagnóstico pero no has comenzado tu tratamiento, o si lo suspendiste y quieres retomarlo, en AHF Panamá podemos ayudarte a obtenerlo. Acércate a nuestras oficinas o escríbenos por Whatsapp y haz tu cita ya.

Viviendo con VIH: ¿cuál debe ser tu carga viral?

Cuando se trata de evaluar si el VIH está bajo control, se le da mucha importancia al conteo de células CD4, el cual refleja el grado de fortaleza del sistema inmunológico. Sin embargo, hay otra cifra muy relevante que no siempre sabemos cómo interpretar: la carga viral. Mientras el primer examen cuenta la cantidad de CD4 por mm3 de sangre, la carga viral es la cantidad de material genético (ARN) que se encuentra en el plasma sanguíneo. Esto no puede medirse directamente, pero se han diseñado pruebas que amplifican la cantidad de VIH presente en una muestra de sangre y se hace una estimación a partir de ahí. Así lo explica el doctor Mark Holodniy en un artículo para el portal TheBody.com. Parámetros importantes La carga viral se expresa en copias de VIH por mililitro (copias/mL) de sangre. La mayoría de los exámenes disponibles actualmente pueden detectar un número tan bajo como 20 copias/mL y tan alto como 10 millones de copias/mL. Cuando una persona se acaba de infectar, la carga viral puede presentar millones de copias/mL, y cuando el sistema inmunológico comienza a defenderse, esa cantidad disminuye; esto sucede aun cuando la persona no haya comenzado tratamiento antirretroviral. Sin embargo, el nivel en el que se estabilizará la carga viral varía de una persona a otra. En general, una carga viral de más de 100 mil copias/mL es considerada alta, mientras que una menor a 20 copias/mL se califica como “indetectable”, ya que está por debajo del mínimo que las pruebas disponibles pueden contabilizar. Es por esto que se dice que el objetivo del tratamiento antirretroviral es lograr una carga viral indetectable, de modo que la infección pueda considerarse controlada. Efectividad del tratamiento De acuerdo con el doctor Holodniy, profesor de medicina en la Universidad de Stanford, Estados Unidos, el tratamiento antirretroviral detiene la replicación del VIH en unos pocos días, con lo que la carga viral comienza a disminuir. Entre los 3 y 6 meses siguientes, la carga viral llega a ser indetectable, sin importar si al momento del diagnóstico estaba en cientos de miles. Un nivel de VIH indetectable no significa que ya no hay virus en el cuerpo, pues éste tiene sus “escondites” en los que permanece latente. Sin embargo, mientras la persona siga tomando sus medicamentos al pie de la letra, la carga viral puede permanecer indetectable por largo tiempo. Además, hoy se sabe que alguien que tiene una carga viral indetectable no puede transmitir el VIH a otra persona a través de las relaciones sexuales, por lo que se ha creado el lema indetectable=intransmisible. Por otro lado, si la persona suspende el tratamiento antirretroviral, también bastarán pocos días para que el VIH vuelva a replicarse y la carga viral aumente con rapidez. Entonces, ¿qué carga viral es normal? A diferencia de otras sustancias que se miden en la sangre, como el colesterol o la glucosa, no existe un “rango normal” en el que deba estar la carga viral de una persona con VIH. Obviamente, las personas con VIH que no han iniciado tratamiento antirretroviral no suelen tener la misma carga viral de quienes ya están en tratamiento, pero en general, entre la población con VIH este indicador puede variar desde unas cuantas copias hasta millones.  A esto hay que sumar que la cantidad de virus en la sangre casi nunca se relaciona con cómo se siente la persona, pero no hay que olvidar que a mayor carga viral, más rápido progresa la infección en el cuerpo. El tratamiento del VIH es una tarea compleja que involucra muchos aspectos, por lo que este indicador debe ser revisado por tu equipo de salud periódicamente, y hacer los ajustes en el tratamiento cuando se considere necesario. Todo con el fin de conseguir la carga viral indetectable que favorecerá un buen estado de salud por mucho más tiempo. Si ya tienes un diagnóstico de VIH y no has iniciado tu tratamiento antirretroviral, o si lo suspendiste y quieres retomarlo, en AHF Panamá podemos ayudarte. Sólo acércate a nuestras oficinas o haz una cita por Whatsapp y te atenderemos.

Que tu tratamiento contra el VIH no afecte tu hígado

El hígado es el órgano que procesa y regula los químicos en el cuerpo. Además de recibir la sangre que llega de los intestinos y el estómago para obtener de ella los nutrientes, también se encarga de metabolizar los medicamentos que ingerimos, con el fin de que sean aprovechados por el organismo. Por ello, su papel es muy importante para los tratamientos médicos de largo plazo, como es el caso del tratamiento antirretroviral, encargado de mantener el VIH bajo control. Cuidados generales Si una persona con VIH no toma el tratamiento antirretroviral, la inflamación celular causada por el virus provoca daño a muchos órganos y sistemas del cuerpo, entre ellos, el hígado. Si a esto se suma que esa persona tenga también los virus de la hepatitis B o C, la afectación será mayor y más rápida. La interacción entre estos virus aumenta el riesgo de desarrollar fibrosis o cirrosis hepáticas, esto es, la cicatrización del tejido del hígado, que interfiere con su función normal. Algunos estudios han observado que la mortalidad por causas hepáticas es mayor entre personas que tienen VIH y hepatitis que entre las que tienen sólo uno de estos virus. Las recomendaciones generales para cuidar el hígado son las mismas para quienes tienen o no el VIH, y se enfocan en no beber alcohol (o reducir al mínimo su consumo), no usar drogas ilegales y evitar el sobrepeso, ya que esto puede provocar la enfermedad llamada hígado graso, donde ese órgano acumula grasa de manera anormal. Hepatotoxicidad: una emergencia También es cierto que algunos medicamentos antirretrovirales podrían dañar el hígado, provocando un problema llamado hepatotoxicidad. De acuerdo con los Centros para el Control de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos, la hepatotoxicidad (o enfermedad hepática tóxica) se define como una lesión en el hígado, la cual puede ser provocada por un medicamento, un producto herbolario o algún alimento. Actualmente se conoce bien cuáles medicamentos antirretrovirales representan más riesgo de daño al hígado. Además, es usual que antes de iniciar o cambiar el tratamiento contra el VIH, tu equipo de salud te haga pruebas para saber en qué condiciones se encuentra tu hígado, de forma que se logren evitar los riesgos que representaría el usar ciertos fármacos. Si tienes dudas sobre el esquema que estás tomando, existen algunos recursos en línea, como el listado de antirretrovirales de los CDC, que informan acerca de los potenciales efectos secundarios de cada medicamento. Ya sea por los antirretrovirales o por algún otro tratamiento médico que estés llevando, es importante que puedas identificar los signos y síntomas que indican hepatotoxicidad. Entre ellos destacan: La hepatotoxicidad puede constituir una emergencia médica, ya que en algunos casos llevaría a la muerte. La recomendación es que, si detectas alguno de los síntomas anteriores, te pongas en contacto con tu equipo médico lo más pronto posible. Cómo abordar un caso de hepatotoxicidad Aunque la hepatotoxicidad puede llegar a ser grave, el tratamiento antirretroviral no se debe suspender, ya que esto daría paso a que el VIH aumente su replicación y podría generar resistencia. Tu equipo de salud deberá identificar el medicamento antirretroviral que está causando el problema y sustituirlo por otro que no tenga ese efecto. Posiblemente cambien todo tu esquema por uno nuevo, lo cual permitirá que el virus siga bajo control y que la salud de tu hígado no se ponga en riesgo. Si la atención del VIH es adecuada, te harán exámenes periódicos para cerciorarse de que tu hígado se encuentra saludable y no llegar al extremo de la hepatotoxicidad. Recuerda que si vives con VIH, es crucial que lleves un tratamiento antirretroviral adecuado. Si aún no lo has comenzado o si lo suspendiste y quieres retomarlo, en AHF Panamá podemos asesorarte y acompañante en el proceso. Acude a nuestras oficinas o haz una cita por Whatsapp y conoce todos nuestros servicios.

Ralph: un hombre ama los ultramaratones y vive con VIH

Ralph Jennings y su hermano gemelo Rik tuvieron una infancia difícil en su natal Ohio, Estados Unidos. Los problemas de adicción y pobreza en su familia de 13 hermanos los llevaron a ser adoptados juntos, y su padre adoptivo buscó inculcarles el amor por correr. Un día, Ralph y Rik descubrirían que las coincidencias en su vida iban a llegar más lejos de lo que podían imaginar. El carácter de Ralph lo llevó a poner todo su empeño y disciplina en completar su primera carrera, que fue de 16 kilómetros (un importante reto para un niño de 9 años), según lo narró a la revista deportiva Runner’s World. Rik, por otro lado, era rebelde por naturaleza y no le gustaba la rutina, por lo que nunca se involucró en las carreras. Los giros de la vida Ralph siguió participando en eventos de este tipo durante toda su adolescencia, hasta que se mudó a la universidad. Ahí cambió el ejercicio por la fiesta durante algunos años, hasta que retomó su pasión al unirse a un grupo de corredores. Después de unos años en su empleo, le ofrecieron un puesto que lo llevó a Londres. Esta ciudad tiene gran cantidad de parques, en los cuales pensó que podría correr. Sin embargo, la realidad fue muy distinta: demasiado trabajo y mucha fiesta, por lo que las carreras quedaron en el olvido por un tiempo más. Más tarde, en 2005 (cinco años después de haber llegado al Reino Unido), Ralph se enfermó de algo que, pensó, era una “gripe fuerte”. Nunca le había gustado ir al médico, así que pasó semanas tomando antigripales y bebiendo agua, casi sin comer. Pero un día, un amigo fue a visitarlo y se sorprendió de lo delgado que estaba: Ralph pesaba apenas 38 kilos, por lo que fue llevado a Urgencias de inmediato. Estuvo internado durante tres semanas, afectado por una neumonía que requirió conectarlo a un respirador artificial. Cuando recuperó la consciencia, el personal médico le informó que la neumonía era tan agresiva y estaba tan avanzada que era necesario hacerle una prueba de VIH. Ralph recuerda que no tenía sospechas de haber contraído el virus, por lo que accedió, y aunque el resultado fue positivo, lo que más le preocupaba en ese momento era recuperarse “y ser capaz de respirar”. Una vez que comenzó a mejorar llegó el golpe de realidad del diagnóstico, empezando por el temor al estigma que conlleva la infección. Buscar en internet sólo agudizó su miedo, pero sus médicos le explicaron que el tratamiento y una buena atención hacen que una persona con VIH pueda llevar una vida normal. Al cabo de un mes, Ralph fue dado de alta del hospital y su hermano fue a visitarlo. Se enteró entonces de que Rik también tenía VIH, pero él había sido diagnosticado desde principios de los años noventa y se lo había ocultado. Ralph considera que Rik, siendo el más rebelde de los dos, encontraba difícil seguir el tratamiento antirretroviral, por lo que se saltaba algunas dosis o lo tomaba a deshora. Cree que fue ese problema lo que provocó la muerte de Rik en 2007. Retorno y adiós a una pasión En 2008, con la inspiración de su familia, Ralph volvió a correr un maratón, esta vez en San Diego, California. Cuando se dio cuenta de que había perdido velocidad, optó por inscribirse en carreras de ultrafondo o ultramaratones, llamados así por su gran longitud. Le llevó dos intentos completar la carrera Transgrancanaria (en España), de 125 km. En los siguientes años corrió la Hadrian’s Wall (en Reino Unido), de 111 km; el South Coast Challenge (en Reino Unido), de 100 km; el Festival Des Templiers (en Francia), de 100 km, y el Cotswold Way Ultra Challenge (en Reino Unido), de 100 km. Ya que siempre ha seguido su tratamiento antirretroviral en tiempo y forma, su carga viral ha estado bajo control. No fue el VIH, sino una serie de lesiones lo que, en 2019, logró alejarlo de su pasión por correr. Primero, una fuerte caída en la zona costera cerca de su casa, en el Reino Unido, le provocó fractura de rótula y ruptura del tendón del cuadríceps. La recuperación le tomaría ocho meses, pero convencido de que podría lograrlo, cerca de cumplirse ese plazo Ralph se inscribió a una nueva carrera, esta vez de 160 km. Sin embargo, a finales de ese mismo año, terminando una carrera sencilla de 10 km, sintió el cuello tenso. Como por impulso se apretó la zona y eso liberó la presión, pero dio paso a un dolor de cabeza que luego se volvió una intensa migraña. A los quince días se encontraba en el kilómetro 16 de una carrera cuando comenzó a desorientarse y luego percibió un dolor punzante en el ojo derecho. Momentos después perdió la visión en ese ojo. Los estudios revelaron que aquel apretón en el cuello había cortado la arteria carótida y esto había provocado un derrame cerebral, y después se habían formado varios aneurismas (coágulos de sangre) en su cerebro, uno de los cuales había llegado cerca de su ojo, quitándole la visión. Ralph tuvo que poner fin a su actividad deportiva, pues los picos de presión sanguínea o de frecuencia cardiaca podían hacer explotar esos aneurismas y causarle la muerte. La depresión casi lo hace tocar fondo cuando luego, durante la pandemia, perdió su empleo. Fue una vieja pasión la que, una vez más, le salvó la vida: el dibujo. Desempolvó un set de pinceles que le había regalado un amigo hacía años y encontró en esta actividad una nueva motivación, y aunque es muy bueno en lo que hace, ha rechazado pintar por dinero, pues siente que es demasiada presión. ¿El tema de su pintura? Los corredores de carreras ultra a los que admira y, a veces, imágenes de sí mismo en su tiempo de corredor. Como puedes ver, el VIH no es un obstáculo para cumplir los objetivos que te propongas. Lo importante es detectar

Ocho sencillos pasos para evitar las infecciones oportunistas

Cuando vives con VIH, uno de los primeros conceptos nuevos que aprendes es el de “infecciones oportunistas”. Se trata de aquellas infecciones que no tendrían cabida en tu cuerpo si tu sistema inmunológico no estuviera debilitado, ya que cuando esto sucede, el organismo se queda sin defensas y cualquier microorganismo puede dañarte. Evidentemente, la mejor manera de no padecer este tipo de infecciones es tomando adecuadamente el tratamiento antirretroviral, el cual detiene la replicación del virus y da la oportunidad a tu sistema inmunológico de recuperarse. Cierra la puerta a las infecciones Sin embargo, también es cierto que el tratamiento a veces puede fallar, cosa que generalmente sucede cuando el virus ha desarrollado resistencia o cuando no se toma el medicamento de forma correcta. Es por ello que siempre debes estar alerta de no exponerte innecesariamente a las infecciones oportunistas. Si no recuerdas exactamente cuáles son, estas infecciones pueden ser causadas por virus, bacterias u hongos, y pueden afectar diversas áreas de tu organismo. Entre ellas están la candidiasis, el citomegalovirus, el virus del herpes simple (VHS), la salmonella, la toxoplasmosis, la tuberculosis, el sarcoma de Kaposi, el linfoma y la encefalopatía. ¿Cómo evitarlas? Aunque no lo creas, las medidas que puedes tomar para evitar las infecciones oportunistas son sencillas y efectivas, por lo que modificando un poco tus hábitos estarás más saludable. Siguiendo estos consejos básicos podrás evitar gran parte de las complicaciones que representa una infección oportunista. Seguir tu tratamiento al pie de la letra y consultar con tu equipo médico cualquier duda que tengas al respecto serán los pasos que completen tu tarea de autocuidado. Y si no has iniciado tu tratamiento antirretroviral o si lo interrumpiste y quieres retomarlo, en AHF Panamá te acompañamos para que lo hagas. Sólo acércate a nuestras oficinas o escríbenos por Whatsapp y haz una cita ya.

Así puedes proteger a tu pareja si vives con VIH

A veces, cuando recibes un diagnóstico de VIH puedes pensar que nunca más volverás a una pareja, a no ser que sea otra persona con VIH, que pueda entender lo que significa vivir con esta condición de manera crónica. Sin embargo, esto no es así. Te sorprenderá la cantidad de gente que se enamora de alguien sin importar su condición de salud, y esto ha ido en aumento ahora que hay más opciones para protegerte de una infección. El condón siempre había sido el mejor aliado para evitar el VIH, pero cabe recordar que también han existido otras, y que hoy en día los tratamientos antirretrovirales también son excelentes herramientas para no infectarse y seguir disfrutando de una vida sexual plena. El tratamiento, la mejor opción Ya sea que estés en busca de una pareja o que te encuentres en una relación estable cuando recibes tu diagnóstico de VIH, estas son algunas alternativas que mencionan los Centros para el Control de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos para compartir con él o ella esa parte tan importante de la vida: la sexualidad. La medida más obvia, considerando todo el conocimiento actual acerca de la efectividad de los tratamientos antirretrovirales, es alcanzar y mantener una carga viral indetectable. El objetivo de tomar el tratamiento siempre ha sido frenar al VIH en tu cuerpo y así mantener el mejor estado de salud posible durante más tiempo. Sin embargo, hoy también se sabe que indetectable=intransmisible, es decir, que si la cantidad de virus en tu sangre baja tanto que se vuelve indetectable, la posibilidad de que lo transmitas por la vía sexual es de cero.  Suena bien, pero para mantener una carga viral indetectable es necesario que sigas tu tratamiento al pie de la letra, y este ha sido siempre uno de los mayores retos de la atención del VIH. Las personas no siempre pueden apegarse a su tratamiento, ya sea por motivos personales (como la depresión u otros problemas de salud mental) o factores externos (como la migración o la pérdida de la seguridad social), por lo que a veces se vuelve difícil mantener el VIH bajo control. Otras alternativas Cuando por cualquier razón no sea posible tener una carga viral indetectable, aún tienes varias opciones a las cuales recurrir. Una de ellas tiene que ver también con el uso de medicamentos antirretrovirales, y es sugerirle a tu pareja que tome profilaxis pre-exposición, o PrEP, contra el VIH. Como sabes, la PrEP es el tratamiento capaz de evitar la infección por VIH si se toma adecuadamente, y aquí volvemos al tema del apego al medicamento. Se trata de seguir la prescripción al pie de la letra para obtener el mayor beneficio de esta estrategia. Sin embargo, hay que recordar que el tratamiento contra el VIH no protege contra otras infecciones de transmisión sexual (ITS), por lo que el uso de condón sigue siendo una alternativa muy importante si crees que tú o tu pareja pueden estar en riesgo de alguna otra infección sexual. Si eliges usar condón, recuerda acompañarlo de lubricantes a base de agua o de silicón, para evitar las rupturas durante la actividad sexual. En todo caso, no deberías descartar otras prácticas sexuales que impliquen menos riesgo de transmisión del VIH que la penetración anal o vaginal. Estamos hablando del sexo oral (que no está libre de riesgo, pero conlleva uno mucho menor) o cualquier otra práctica que no involucre los fluidos sexuales: semen, flujo vaginal o sangre. Algo que no es una práctica de alcoba, pero que es sumamente importante, es realizarte pruebas de detección para otras ITS, ya que éstas pueden causar otros problemas. Además, si tienes una carga viral alta, las ITS hacen más probable la transmisión del VIH, así que es mejor tratarlas y mantenerlas vigiladas. Recuerda que la atención integral del VIH es importante no sólo para ti, sino para las personas con las que te relacionas. Por esto, si vives con VIH y no has empezado tu tratamiento, o si lo suspendiste y quieres retomarlo, en AHF Panamá podemos ayudarte. Acércate a nuestras oficinas o haz una cita por Whatssap y te atenderemos.

Un método para predecir la supervivencia de las personas con VIH

Aunque el VIH es actualmente una infección controlable con medicamentos, todavía hace falta una mayor comprensión sobre cómo afecta a cada persona individualmente, para poder prever qué complicaciones tendrá conforme se haga mayor. Para responder a esta incógnita, un grupo de investigadores desarrolló un método simple de puntuación que se basa en diversas características de la propia persona y de su cuadro clínico, que hace posible identificar qué personas mayores con VIH enfrentarían un peor pronóstico. Esta identificación podría usarse para optimizar la implementación de programas preventivos y de detección temprana de enfermedades relacionadas con la edad y/o con el VIH, de manera que las personas en mayor riesgo obtuvieran el mayor beneficio de estas estrategias, según lo informó el portal del Grupo de Trabajo sobre Tratamientos del VIH (gTt-VIH). Números que dicen mucho Los científicos, de nacionalidad francesa, presentaron su modelo en el Congreso Internacional sobre Terapia Farmacológica del VIH, que tuvo lugar en Glasgow, Reino Unido, a principios de noviembre. El sistema de puntuación que desarrollaron se llama Dat’AIDS, y fue creado a partir del análisis de los resultados clínicos de 1,583 personas con VIH de 60 años de edad o más, a quienes se dio seguimiento entre 2008 y 2013. Luego de evaluar varios factores que podrían afectar la mortalidad, los investigadores diseñaron un sistema de puntuación numérica que se basa en el impacto que cada uno de estos factores tiene. Fue así que identificaron y asignaron puntuaciones a ocho factores que juegan un papel en el riesgo de fallecimiento de los participantes: Edad: 1 punto para mayores de 65 años de edad y 8 puntos a mayores de 75. Recuento de CD4 (las células inmunológicas que son atacadas por el VIH): 3 puntos si el conteo estaba entre 200 y 300 células/mm3 de sangre, y 6 puntos si era menor a 200 células/mm3 de sangre. Cáncer no definitorio de sida (es decir, que es de los que se presentan cuando las personas han desarrollado sida): 6 puntos. Enfermedad cardiovascular: 8 puntos. Función renal: 5 puntos si los niveles que miden esta función son normales, y 16 puntos si eran demasiado bajos. Cirrosis hepática: 13 puntos. Índice de masa corporal bajo (debajo de los 18.5 kg/m2): 10 puntos. Anemia: 6 puntos. Al sumar los puntos de las condiciones o enfermedades que presenta la persona, los resultados se expresaron en el porcentaje de probabilidad de que la persona estuviera viva al cabo de 5 años de realizar esta evaluación. La interpretación de los datos es la siguiente: Puntuación baja (0 a 3 puntos): la probabilidad de supervivencia a 5 años es de 95% Puntuación moderada (4 a 13 puntos): la probabilidad de supervivencia a 5 años es de 90% Puntuación alta (14 a 20 puntos): la probabilidad de supervivencia a 5 años es de 77% Puntuación muy alta (más de 20 puntos): la probabilidad de supervivencia a 5 años es de 54% Probado y comprobado El sistema de puntuación se diseñó a partir de los datos de una cohorte de personas con VIH en Francia, y después fue validado en otra cohorte suiza entre los años 2015 y 2020, donde se dio seguimiento a 2,205 personas. Durante esta validación suiza se registraron 154 fallecimientos, y se observó que el promedio de puntuación de los participantes era de 3 puntos. Además, el sistema de puntuación mostró una buena concordancia con la mortalidad observada en el estudio. Hay que precisar que los investigadores reconocieron que probablemente su sistema sea poco extrapolable fuera de Europa, pero que existe la posibilidad de que sea adaptado a otras realidades mediante modificaciones que consistirían en incluir algunos factores y eliminar otros. En última instancia, la elaboración de sistemas de puntuación como este tiene como objetivo ayudar a priorizar las intervenciones de prevención y desarrollar programas de atención y detección oportuna de enfermedades en las personas con VIH que más las necesitan. En AHF Panamá sabemos que la atención médica del VIH, en especial el tratamiento antirretroviral, es la clave para que las personas con el virus vivan más tiempo y con una mejor calidad de vida. Si ya tienes un diagnóstico pero no has comenzado tu tratamiento, o si lo suspendiste y quieres retomarlo, acércate a nuestras oficinas y te asesoraremos para obtenerlo.

Si vives con VIH, mantén vigilado al colesterol

Los niveles de colesterol son uno de los indicadores que los médicos revisan para conocer más sobre el estado de salud de una persona. En quienes viven con VIH, esta sustancia es especialmente importante, pues les afecta de manera distinta que a la población general. El colesterol es relevante porque demasiado de él en el cuerpo puede llevar a problemas serios del sistema circulatorio y del corazón. El vínculo entre colesterol alto y VIH La propia infección por el VIH provoca que el sistema inmunológico esté permanentemente luchando contra el virus, lo cual lleva a un proceso de inflamación crónica, que a su vez está ligado a la acumulación de placa en las arterias (que contiene grasa, colesterol y otras sustancias). Esta placa, llamada placa de ateroma, aumenta el riesgo de un ataque al corazón. Es más, de acuerdo con el portal WebMD.com, si vives con VIH, el riesgo de tener enfermedad del corazón y un accidente cerebrovascular es entre 1.5 y 2 veces mayor que en personas que no tienen el virus. Por otro lado, aunque todavía no está completamente claro por qué, parece que algunos de los tratamientos antirretrovirales, los cuales mantienen el VIH bajo control, podrían estar causando un aumento en los niveles de colesterol.  Esto último se ha observado con más frecuencia en los años recientes, ya que cada vez más personas con VIH están llegando a la tercera edad, por lo que es posible comparar las enfermedades asociadas con la edad avanzada de las personas con y sin el VIH. Es por esto que la investigación sobre el tema no ha avanzado tanto como debería. Identifícalo y trátalo Los niveles altos de colesterol, por lo general, no producen síntomas, por lo que la única forma de saber si tienes mayor cantidad de la normal es a través de un examen de sangre. Es recomendable que se mida el colesterol antes de iniciar la terapia antirretroviral (o antes de comenzar un nuevo esquema) y después hacer mediciones periódicas para observar sus variaciones. Si en esa primera medición el colesterol es alto, el médico te recomendará cambiar tus hábitos y te prescribirá medicamentos para bajar el nivel. Si esto sucede, será necesario monitorear más de cerca esta sustancia. El medicamento usado para disminuir los niveles de colesterol son las estatinas, que actúan bloqueando la sustancia que el cuerpo utiliza para fabricar el colesterol. Hay estudios que sugieren que las personas con VIH que toman estatinas tienen un mejor perfil de lípidos (grasas) y logran disminuir su riesgo de muerte. A la vez, las estatinas tienen un efecto antiinflamatorio, el cual puede ayudar a reducir la inflamación crónica provocada por la infección por VIH. Existen varios tipos de estatinas. Algunas de ellas son seguras y funcionan bien para las personas con VIH, pero otras más no se recomiendan para quienes viven con el virus. Además, es importante que el médico verifique que los antirretrovirales que tomas no interactúen con las estatinas que te prescriba, ya que algunos fármacos contra el VIH no funcionan bien con estos tratamientos para reducir el colesterol o, en contraste, podrían subir el nivel de colesterol. Si, por el contrario, tu nivel de colesterol es normal antes de comenzar el tratamiento antirretroviral, solamente será necesario revisarlo una vez al año, junto con otras mediciones en sangre como glucosa y perfil de lípidos, y otros indicadores como la presión arterial, el peso, el índice de masa corporal y la medida de cintura. Una ayuda extra El tomar medicamentos no es lo único que bajará la sustancia en cuestión. Tú deberás hacer tu parte con algunas acciones: Comer de forma saludable, reduciendo el consumo de grasas saturadas, grasas trans y colesterol, y aumentando los alimentos ricos en fibra. Hacer ejercicio durante 30 minutos o más la mayoría de los días de la semana. No fumar, ya que entre los múltiples efectos negativos del tabaco está el favorecer los problemas cardiacos. Limitar el consumo de alcohol, que también puede llevar a problemas cardiacos. Por todo lo anterior, la atención del VIH debe ser integral, de forma que se pueda manejar tanto el tratamiento para el colesterol como el tratamiento para el virus de forma exitosa. Recuerda que si no has iniciado tu tratamiento contra el VIH o si lo suspendiste y quieres retomarlo, en AHF Panamá podemos apoyarte. Acércate a nuestras oficinas o escríbenos por Whatsapp y te ayudaremos.